ARANDA DE DUERO 2

 

Cuartel en Convento de San Francisco

Extramuros de la villa de Aranda de Duero, a trescientos metros de la puerta nueva, junto al camino que más tarde se conocería como Real a Burgos, mediante bula del Papa Alejandro VI, con real cédula de autorización firmada por Isabel I de Castilla (la reina católica) y el mecenazgo de don Martín Vázquez de Acuña y de su esposa doña Constanza de Avellaneda, ilustres señores con casa solariega en la calle Santa Ana de la villa arandina; se alzó en el año del Señor de 1499 un buen convento y a su izquierda una magnifica y capaz iglesia, dotado por sus fundadores y mecenas de una huerta de enormes proporciones y de otras tierras adyacentes.

De aquella obra tan voluminosa, solo quedan escasos restos arquitectónicos integrados en la iglesia parroquial de San Juan de la Vera Cruz, que corresponderían a una de las capillas laterales de la iglesia conventual y que hoy constituye el primer tramo de la nave de la citada iglesia parroquial y su puerta de entrada. 

Al hilo de la integración de una parte del edificio desaparecido en el que sigue en pie, conviene recordar que pocos años más tarde de edificarse el convento, se fundó al lado de su fachada norte el colegio de la Vera Cruz. Ambas edificaciones, además de vecindad, compartieron infortunio en la primera mitad del siglo XIX, pues al saqueo de la Guerra de la Independencia en 1808 que arruinó edificios y economía, le siguió la desamortización de Mendizábal en 1836 que les desposeyó de los bienes rústicos de los que se sustentaban. El complejo colegial pudo resurgir del ostracismo en 1903, al asumir la faceta educativa las Hijas de la Caridad. Unas décadas más tarde, en 1966, la monumental iglesia del colegio religioso, se convertía en parroquia diocesana, sucediendo canónicamente a la de San Juan Bautista (hoy museo sacro). Será entonces, cuando la antigua capilla del convento que se había anexionado como coro a la iglesia colegial, pasa a convertirse en puerta de ingreso y bautisterio parroquial.

El complejo conventual que se terminó de construir en el año 1520 lo constituían: La iglesia con seis capillas anexas; la clausura con capacidad para treinta religiosos, donde la planta alta estaba destinada a celdas y la baja a estancias comunitarias; los amplios corrales anexos, y una huerta de enormes proporciones que estuvo regada con agua del río Bañuelos mediante un canal construido al efecto. Esta dotación inicial se fue ampliando con donaciones y disposiciones testamentarias para el establecimiento de capellanías o misas perpetuas por las almas de los donantes y de sus familiares difuntos. Como dato histórico reseñable, recordamos que el navegante Fernando de Magallanes hizo una donación en su testamento a favor de este convento, por el trato recibido durante su estancia en este lugar, mientras despachaba los asuntos de su viaje alrededor del mundo con la corte de Carlos I de España (y 5º de Alemania), que en 1518 se encontraba circunstancialmente en Aranda de Duero.

La Guardia Civil se establece en Aranda de Duero en el año 1845, al año siguiente de su creación, respondiendo a las prioridades de despliegue territorial, seguidas por su primer Director General, el Duque de Ahumada, que se inició el día 1 de septiembre de 1844, tras la instrucción del primer contingente de Guardias Civiles, y que trató de cubrir en primer lugar, las rutas de viajeros y correos, las cabeceras de partidos judiciales, y las líneas de expansión de ferrocarril y de telégrafos. Las tres circunstancias concurrían en la Aranda decimonónica.

El edificio que sirvió como primer cuartel, el Palacio Episcopal, tras la desamortización de Mendizábal, había quedado en venta, sin que nadie mostrase interés por él, razón por la que el antiguo titular, el Obispado de Osma (Soria), llevaba años litigando para recuperar su legítima propiedad. Fruto de ese proceso, el obispado consiguió su devolución efectiva en 1896, por lo que los Guardias Civiles tuvieron que alojarse provisionalmente, ya unos años antes (desde 1883), en el ala sur del Convento de San Francisco, en la única parte habitable de un edificio que se hallaba en estado de ruinas. Este inmueble (también desamortizado) se encontraba al inicio de la actual avenida de El Ferial y su portada principal se abría al camino real de Burgos, antigua travesía de la N-I, y hoy calle San Francisco.

Como se ha apuntado anteriormente, el esplendor alcanzado por el Convento de San Francisco en tres siglos, se vino abajo en la primera mitad del siglo XIX. La decadencia se inicia en 1808 con la invasión francesa, pues las tropas napoleónicas expulsaron a los frailes, expoliaron el patrimonio, ocuparon el convento y lo usaron como cuartel, lo que supuso casi su destrucción al ser incendiado por los soldados españoles que echaron a los franceses de Aranda. En 1814 los frailes inician las obras de reconstrucción que se desarrollan satisfactoriamente, pero sufren un tremendo mazazo en el trienio liberal (1820-23), al decretarse la expulsión de los frailes y la incautación de sus bienes. A pesar de las desdichas, se reanudan las obras en la década siguiente con tan solo seis religiosos, pero todo esfuerzo fue en vano, porque en 1836 Mendizábal decretó su desamortización y el edificio acabará en la ruina y sus piedras se emplearán como elementos de construcción y firme de carreteras.

Antes de su desplome, hubo un intento de recuperarlo como cuartel de infantería y a tal efecto se redactó un proyecto en 1867 por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército que no prosperó. Y como última utilidad y ya en estado de abandono, el inmueble fue empleado en 1883 como cuartel provisional de la Guardia Civil.

(Información obtenida de http://www.arandahoy.com/0220/convento-de-san-francisco-de-aranda-de-duero/)

Maqueta de Jesús Fernández Chico | Convento de San Francisco